Es hora de realizar la dolorosa y difícil pero necesaria reseña de lo que fue tu vida en la mía, es una forma de agradecerte a la distancia. Fuiste sin duda el mejor obsequio cumpleañero recibido en los cumpleaños que llevo. No sabes cómo se me parte el alma de escuchar los maullidos quejumbrosos que no escuchaba desde que llegaste tímida y escurridiza, te escondiste instantáneamente bajo mi repisa blanca, fue ahí cuando empecé a conocerte, con tus mañas, tus distintos sonidos al maullar, con tus gustos y cada una de las actitudes que solo los dueños de los animales pueden notar.
Te extraño en mi habitación con la tranquilidad de ojalá haber hecho todo lo posible, mientras tu te vas de a poco en la cocina, son tantos recuerdos, me diste 12 de tus 18 años de pura felicidad. Pasé tantos cambios contigo a mi lado, a los pies de la cama, de cabecera, ronroneando siempre cerquita de mi... no importaba la situación, ni lo triste, enojada o frustrada que pudiera estar, tu siempre estuviste ahí y bajo tu disfraz peludo me entregaste una mirada de consuelo única. Aparte de los momentos de juegos y retos que bien ganados te tuviste!, los cambios de casa, los cambios de vida, etc... todo lo que le puede pasar a alguien de los 6 hasta los 18 años. A estas alturas no queda más que decirte gracias por salvarme tantas veces de innumerables maneras.
Solo espero encontrarte algún día en alguna loca dimensión y que podamos volver a jugar de nuevo como tanto te gustaba, mientras te recordaré como la mascota más querida, la que más me ayudó y la que estuvo conmigo durante toda mi infancia y adolescencia, la que me esperó y cumplió conmigo en todos los aspectos posible.
Te amo Blanquita, gracias por llegar a mi vida... descansa.
Luego de limpiar la ciudad
Tras la impredecible lluvia santiaguina
lunes, 17 de enero de 2011
viernes, 26 de noviembre de 2010
Es de noche. Lentamente, una a una, las ovejas han vuelto a su redil. De las pesebreras me viene el sordo ruido apagado de las bestias que comen del forraje. La luna está alta bañando con su luz de plata los campos dormidos. De tanto en tanto, un trasiego de sombras esquivas atraviesa el sendero bordado de amapolas. Un escalofrío seco recorre todo mi ser... El canto del grillo ha subido de tono... sus dulces melodías son arrastradas por la suave brisa nocturna, brisa que nos trae el profundo y fresco aliento de los bosques de pino nuevo.
Camino por el estrecho sendero que va bordeando los cañaverales y los juncos que crecen junto al riachuelo. Voy pensando en melancólicas soledades mientras en mi espíritu penetra una sensación de infinita gratitud que fluye desde las alturas, desde las constelaciones más cercanas. Hay sosiego y silencio en el mundo. El labrador duerme en paz en la quietud del universo.
En aquella hora desvanecida siento que mi ser irremediablemente se hunde en el misterio. ¿Dónde estarás?
No sé como devolverte la mano. Te extraño tanto, me entregaste la vida a mi corta edad, me regalaste mi primer libro y me convenciste de mil y una formas. Fue gracias a ti que han nacido el día de hoy las razones del resto de todas mis ilusiones. Fueron tantas carcajadas.
Pero más importante, me detuviste en el tiempo para enseñarme a no ser torpe y buscar el matiz dulce en el estrépito incesante. Te fuiste hace ya unos 8 años, pasaron muchas cosas importantes en nuestras vidas y en cada una de ellas tuviste que ver tu, plasmado en las hojas amarillas rescatadas de la mudanza o bien a través de un leve susurro, un recuerdo perdido entre los ediles de la memoria. Unas cuantas llamadas telefónicas no compensan la falta que me haces. Vuelve, vuelve a tu tierra, deja el sufrimiento a un lado y vente. Acá siempre tenemos el corazón abierto a tu sabiduría perdida.
Es de noche y me haces falta, tal como las ovejas vuelven una a una a su lecho llegan a mi las fotos, miro hacia atrás y me doy cuenta de que ya se ha ido mucho de ti en mi vida, fluyen los recuerdos tal como el inestable canto del grillo, tengo miedo de que se deshaga la madeja y quedes suspendido como un ente lejano en mi memoria, tengo miedo de perder tu alegría... estás tan lejos! y aún así siento tu distancia cómo si fuera cuantificable, siento lo que tu en estos mismos momentos, sé lo que estás pensando...
Ya desordené enormemente el sentido de la escritura, deben ser los efectos de la incertidumbre en la que nos tienes sumidos a todos los que te extrañan tanto como yo. Los que esperamos que aparezcas un día en el umbral de la puerta con la gran sonrisa que te caracteriza.
Es entonces cuando, entre los renovados pinos y la característica frescura del viento nocturno, los Beatles me regalan tu voz, la traen de regreso y me permiten vivir de los buenos momentos. Por favor regresa algún día.
Camino por el estrecho sendero que va bordeando los cañaverales y los juncos que crecen junto al riachuelo. Voy pensando en melancólicas soledades mientras en mi espíritu penetra una sensación de infinita gratitud que fluye desde las alturas, desde las constelaciones más cercanas. Hay sosiego y silencio en el mundo. El labrador duerme en paz en la quietud del universo.
En aquella hora desvanecida siento que mi ser irremediablemente se hunde en el misterio. ¿Dónde estarás?
No sé como devolverte la mano. Te extraño tanto, me entregaste la vida a mi corta edad, me regalaste mi primer libro y me convenciste de mil y una formas. Fue gracias a ti que han nacido el día de hoy las razones del resto de todas mis ilusiones. Fueron tantas carcajadas.
Pero más importante, me detuviste en el tiempo para enseñarme a no ser torpe y buscar el matiz dulce en el estrépito incesante. Te fuiste hace ya unos 8 años, pasaron muchas cosas importantes en nuestras vidas y en cada una de ellas tuviste que ver tu, plasmado en las hojas amarillas rescatadas de la mudanza o bien a través de un leve susurro, un recuerdo perdido entre los ediles de la memoria. Unas cuantas llamadas telefónicas no compensan la falta que me haces. Vuelve, vuelve a tu tierra, deja el sufrimiento a un lado y vente. Acá siempre tenemos el corazón abierto a tu sabiduría perdida.
Es de noche y me haces falta, tal como las ovejas vuelven una a una a su lecho llegan a mi las fotos, miro hacia atrás y me doy cuenta de que ya se ha ido mucho de ti en mi vida, fluyen los recuerdos tal como el inestable canto del grillo, tengo miedo de que se deshaga la madeja y quedes suspendido como un ente lejano en mi memoria, tengo miedo de perder tu alegría... estás tan lejos! y aún así siento tu distancia cómo si fuera cuantificable, siento lo que tu en estos mismos momentos, sé lo que estás pensando...
Ya desordené enormemente el sentido de la escritura, deben ser los efectos de la incertidumbre en la que nos tienes sumidos a todos los que te extrañan tanto como yo. Los que esperamos que aparezcas un día en el umbral de la puerta con la gran sonrisa que te caracteriza.
Es entonces cuando, entre los renovados pinos y la característica frescura del viento nocturno, los Beatles me regalan tu voz, la traen de regreso y me permiten vivir de los buenos momentos. Por favor regresa algún día.
martes, 16 de noviembre de 2010
Pleonasmo
Redundar, redundar, redundar.
Cuestionar el futuro, armar planes, inadvertido el presente.
Que te crean capaz. Creerte capaz. Luchar, amar, adoptar nuevas costumbres.
Reencantarse en un entorno que con nada se reencanta.
Reencontrarse, volver a soñar, comenzar de nuevo. Cerrar etapas, terminar el ciclo, empezar el ciclo.
Re-re-re.
Cuestionar, cuestionar. Omitir el pasado, emprender el futuro.... Aprender?
Contener, contenerte-se.
Soportar, trasnochar, reír.
Despertar, florecer. Amar, amar, amar. Dar.
Sacrificar, sorprender, cuestionar... cuestionar.
Idear y construir el fusible... acelerar el ritmo.
Motor funcionando veloz como las semillas que se desprenden del arce cuales aspas en medio de una ventolera.
Anhelante por soñar, decidir, aprender y concretar.
Cuestionar el futuro, armar planes, inadvertido el presente.
Que te crean capaz. Creerte capaz. Luchar, amar, adoptar nuevas costumbres.
Reencantarse en un entorno que con nada se reencanta.
Reencontrarse, volver a soñar, comenzar de nuevo. Cerrar etapas, terminar el ciclo, empezar el ciclo.
Re-re-re.
Cuestionar, cuestionar. Omitir el pasado, emprender el futuro.... Aprender?
Contener, contenerte-se.
Soportar, trasnochar, reír.
Despertar, florecer. Amar, amar, amar. Dar.
Sacrificar, sorprender, cuestionar... cuestionar.
Idear y construir el fusible... acelerar el ritmo.
Motor funcionando veloz como las semillas que se desprenden del arce cuales aspas en medio de una ventolera.
Anhelante por soñar, decidir, aprender y concretar.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Trémulamente
Siempre que escribo acá es porque hay un sentimiento claro, definido... una emoción intensa; Alborotada e impaciente por escapar a borbotones por debajo de las yemas de mis dedos.
Hoy una turba inquieta me acecha, no sé cómo identificar esta mezcla de sensaciones que a ratos eriza mi piel. Será acaso la honestidad?, el despojarme de todo prejuicio... el descartar el miedo como un posible refugio; Decir y desligarme de la verdad, la verdad pura como nunca antes.
Debe ser cierto que cuando más cerca te encuentras de la miseria humana, es cuando sale a relucir la verdadera e intensa gama de maravillosos colores que exhibe el corazón del hombre.
Hoy me encuentro en una clara confusión, sé que te amo, sé lo que quiero... pero la ansiedad me carcome esta noche.
Pienso en ti y en nosotros, te recuerdo ajeno, sonriente, brillante... quizás con un dejo de inseguridad al caminar, y es que cómo podría vivir sin eso? Tengo miedo de sentir así. No es tiempo de pensar en esto lo sé. Pero qué hacer. Es que los pensamientos llegan arrebatadores como quijotescos caballos corriendo calmos en contrariedad con su fiero ritmo digno de jinetes andaluces.
Calor, frío, viento, sol, sudor, miedo, hielo: experimento el vértigo de la misma manera en que el clima jugó con nosotros esta semana.
Así creo sentirme esta noche.
Mientras las nubes danzan incesantes... en una mezcla grisácea de rojizos tonos, en busca del clima que acechará al nuevo día que se acerca sin medir el reloj.
Hoy una turba inquieta me acecha, no sé cómo identificar esta mezcla de sensaciones que a ratos eriza mi piel. Será acaso la honestidad?, el despojarme de todo prejuicio... el descartar el miedo como un posible refugio; Decir y desligarme de la verdad, la verdad pura como nunca antes.
Debe ser cierto que cuando más cerca te encuentras de la miseria humana, es cuando sale a relucir la verdadera e intensa gama de maravillosos colores que exhibe el corazón del hombre.
Hoy me encuentro en una clara confusión, sé que te amo, sé lo que quiero... pero la ansiedad me carcome esta noche.
Pienso en ti y en nosotros, te recuerdo ajeno, sonriente, brillante... quizás con un dejo de inseguridad al caminar, y es que cómo podría vivir sin eso? Tengo miedo de sentir así. No es tiempo de pensar en esto lo sé. Pero qué hacer. Es que los pensamientos llegan arrebatadores como quijotescos caballos corriendo calmos en contrariedad con su fiero ritmo digno de jinetes andaluces.
Calor, frío, viento, sol, sudor, miedo, hielo: experimento el vértigo de la misma manera en que el clima jugó con nosotros esta semana.
Así creo sentirme esta noche.
Mientras las nubes danzan incesantes... en una mezcla grisácea de rojizos tonos, en busca del clima que acechará al nuevo día que se acerca sin medir el reloj.
miércoles, 20 de octubre de 2010
Conciencia
Hubo un tiempo hace ya mucho en el cual los valientes existían realmente, aquellos que lucharon invadidos por el atronador susurro del miedo y vencieron por qué sabían que había algo más importante, sueños que eran siquiera alcanzables, de los que no tenían la certeza pero que fueron posibles por que se atrevieron... Por qué sintieron la nostalgia de la humanidad que les seguiría, amor puro poco tradicionalista, un amor al hombre y a su descendencia, aquellos desconocidos que hoy dejamos en hojas de papel plasmados sus nombres. No sabemos tomarle el peso a la historia, a aquellos que dieron su vida por construirnos (sí, a nosotros) un mundo habitable y humano. Sin embargo hoy se encuentran atrapados en libros y cuadernos, entre hojas secas que a ratos son vistas por los que esperan obtener una buena calificación.
lunes, 11 de octubre de 2010
Renovación
Que patético volver a la ciudad, luego de tranquilos días de renovador aire limpio, las tardes y las noches quietas hechas para su contemplación, tantas cosas por las cuales nunca nos detenemos. Son necesarios los bosques, las montañas y los contrafuertes cordilleranos, la noche estrellada y las olas del viento, los campos cubiertos de flores silvestres o de un eterno color verde, los trazos de los meteoros en los cielos nocturnos hechos especialmente para reflejar en la realidad aquello por lo que aún vale la pena luchar. Un escenario perfecto para encontrarse con uno mismo, nuestras metas y proyecciones, nuestros sueños aquellos que comparmimos con los que sin tener la intención, nos conocen de cerca.
Por estos momentos vale la pena vivir.
Compartir un fogón mientras las ideas etéreas fluyen de boca en boca.
Por eso es que soy scout. Asumir el riesgo que supone compartir los mismos ideales y regirte por las mismas leyes con personas que son infinitamente distintas a ti pero que se mueven en la misma frecuencia. Saber qué es lo que quieres para tu vida y darte cuenta que es eso exactamente lo que nos propone la ley scout, hacer todo lo posible por lograr un mundo mejor, construir el camino en el que las siguientes generaciones plasmarán sus pasos. Lo mejor es darse cuenta que los proyectos personales que tengo calzan perfectamente con el ideal que me propone scout, y que además la unidad en la que estoy está enfocada al servicio, más allá de que lo realicemos sábado a sábado o no... vivimos con eso día a día, yo por lo menos intento hacerlo y a veces lo necesito.
Agradezco haber conocido este movimiento, sobre todo en el grupo que estoy, son realmente especiales, una calidad humana única... es verdad que me han dado los mejores momentos, y sin duda me han ensañado cómo es que realmente vive un scout.
Al volver a la ciudad a recrear la vida del hogar y las obligaciones estudiantiles, estoy renovada a pesar el cansancio.., fue un muy buen campamento junto a los que amo.
Es de esperar que a través de nuestro espíritu limpio, puro, transparente y cristalino, se refleje la fuerza de la montaña con sus picachos nevados, la transparencia de las noches estrelladas, la paz y el sosiego del viento acariciando nuestras caras; Fuerza con la que debemos afrontar el futuro e intentar ser siempre mejores.
jueves, 7 de octubre de 2010
Trampas tiene la ciudad...
Me gustan las grandes ciudades, pero también me asustan. Me gusta ir por los barrios aquellos en donde la vida corre chispeante y vigorosa como un manantial borboritante de aguas siempre vivas.
Fascinada por el encanto oculto y misterioso de las calles me dejo arrastrar por callejuelas sin nombre, callejones sin salidas, grandes avenidas, pasajes pequeños, esquinas y plazas escondidas.
Miro las vitrinas, los escaparates, los grandes anuncios publicitarios... deambulo por tiendas, librerías, cafés, joyerías... esquivo los barquinazos de las gentes, siempre ansiosas, nerviosas, apuradas, embuídas en un tráfico vertiginoso de una carrera precipitada que pareciera no tener fin. (¿Hacia dónde corren?).
Perdida por entre las grandes muchedumbres, no atino a pensar. Pareciera ser que hemos perdido la singularidad... grandes masas anónimas se desplazan como mutantes por entre los bocinazos que nos dejan los automóviles y las micros...
Hay días en que me gusta ir más allá, hacia esa otra ciudad que nunca o casi nunca está en las postales... Recorro los mercados con renovado entusiasmo. Deambulo por entre los puestos de verduras y de frutas en donde hombres gruesos, duros y robustos, acostumbrados a ganarle una y otra vez a la vida, anuncian sus productos a voz en cuello. Merodeo por los puestos de fritangas oliendo el fuerte olor que hiere mis narices. Me detengo ante los mesones en donde, al igual que pequeñas y grandes espadas de plata, yacen yertos los peces; ¡Qué abigarrada y colorida nos resulta la vida en los mercados!
Me gusta también contemplar los rostros de las personas, los miro con atención, me detengo a contemplarlos, los selecciono, los clasifico, los ordeno en categorías.
Hay caras duras, frías, parecieran hechas de piedra o de madera. Generalmente gruesas huellas de sufrimiento, como cicatrices, arrancan de la comisura de los labios para ir a perderse, ahí, más allá de la barbilla... la expresión de ese rostro está marchito y la luz de esos ojos, por lo general, está extinguida.
Hay también, por cierto, rostros dulces, suaves... llenos de una infantil ternura y juvenil despreocupación e indiferencia. Son los rostros de los niños y de los jóvenes... Y también de tanto en tanto, el rostro de algún adulto. Pero por lo general, los adultos llevan ese rostro amargado y triste que describíamos, como si recién hubiéremos bebido vinagre, una cara que en un rictus descompuesto de desagrado transforma la expresión en una permanente mueca de dolor y desolación.
Fascinada por el encanto oculto y misterioso de las calles me dejo arrastrar por callejuelas sin nombre, callejones sin salidas, grandes avenidas, pasajes pequeños, esquinas y plazas escondidas.
Miro las vitrinas, los escaparates, los grandes anuncios publicitarios... deambulo por tiendas, librerías, cafés, joyerías... esquivo los barquinazos de las gentes, siempre ansiosas, nerviosas, apuradas, embuídas en un tráfico vertiginoso de una carrera precipitada que pareciera no tener fin. (¿Hacia dónde corren?).
Perdida por entre las grandes muchedumbres, no atino a pensar. Pareciera ser que hemos perdido la singularidad... grandes masas anónimas se desplazan como mutantes por entre los bocinazos que nos dejan los automóviles y las micros...
Hay días en que me gusta ir más allá, hacia esa otra ciudad que nunca o casi nunca está en las postales... Recorro los mercados con renovado entusiasmo. Deambulo por entre los puestos de verduras y de frutas en donde hombres gruesos, duros y robustos, acostumbrados a ganarle una y otra vez a la vida, anuncian sus productos a voz en cuello. Merodeo por los puestos de fritangas oliendo el fuerte olor que hiere mis narices. Me detengo ante los mesones en donde, al igual que pequeñas y grandes espadas de plata, yacen yertos los peces; ¡Qué abigarrada y colorida nos resulta la vida en los mercados!
Me gusta también contemplar los rostros de las personas, los miro con atención, me detengo a contemplarlos, los selecciono, los clasifico, los ordeno en categorías.
Hay caras duras, frías, parecieran hechas de piedra o de madera. Generalmente gruesas huellas de sufrimiento, como cicatrices, arrancan de la comisura de los labios para ir a perderse, ahí, más allá de la barbilla... la expresión de ese rostro está marchito y la luz de esos ojos, por lo general, está extinguida.
Hay también, por cierto, rostros dulces, suaves... llenos de una infantil ternura y juvenil despreocupación e indiferencia. Son los rostros de los niños y de los jóvenes... Y también de tanto en tanto, el rostro de algún adulto. Pero por lo general, los adultos llevan ese rostro amargado y triste que describíamos, como si recién hubiéremos bebido vinagre, una cara que en un rictus descompuesto de desagrado transforma la expresión en una permanente mueca de dolor y desolación.
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